Al tener una sección que lleva el nombre de William Branham, no es nuestra intención ensalzar a este hombre, porque el único digno de recibir toda nuestra Alabanza y Adoración es nuestro Señor Jesucristo. Pero sí queremos dar a conocer a Ud. lo que Dios hizo a través de este varón y cuál es la importancia de su Ministerio para este día final en el que estamos viviendo, Ministerio que fue profetizado en la Santa Biblia..

La historia de la vida de nuestro precioso Hermano William Branham es tan fuera de este mundo y tan alejado de lo ordinario que de no haber sido por un sin número de documentos y testigos que prueban su veracidad y autenticidad, sería excusable si alguien la considerara increíble. Pero cada hecho puede ser verificado por cualquiera que sinceramente se disponga a investigar.

Tendríamos que escribir muchos libros para narrar cada suceso en la vida de este Varón de Dios y cómo el Poder del Señor Jesucristo se movió maravillosamente en su Ministerio, sanando a miles y miles de personas de todo tipo de enfermedades, levantando a los muertos y por sobre todo trayendo de vuelta la Fe original de los Padres de Pentecostés y al pueblo de regreso a la Palabra de Dios, de acuerdo a la profecía en Malaquías capítulo 4, versículo 5. A continuación, le invitamos a conocer su vida a través de extractos del relato de la Historia de la vida del Hno. William Branham.

 

 

 

Hé aquí yo os envío al profeta Elías

 

 

 

 

 

 

 

 

Nacimiento

El Hermano Branham nació en una humilde cabaña de troncos en la región montañosa de Kentucky, el día 6 de abril del año 1909. El primer día de su vida, algo muy raro sucedió. Después que la partera, que era su abuela, lo había bañado, lo puso al lado de su madre y fue a abrir la ventana. La ventana no tenía cristal y el aire y la luz sólo eran controlados abriendo o cerrando la ventana de madera.

El sol había comenzado a asomarse sobre el campo y unos pequeños rayos de luz habían penetrado al cuarto. Junto con estos rayos de luz vino también un halo de luz muy brillante en forma circular, como de aproximadamente un pie de diámetro y se posó sobre la cama donde estaban la madre y el niño.

Este es el mismo halo de luz que ha sido visto por miles de personas, y sin duda alguna es también el mismo que apareció en la famosa fotografía tomada en Houston, Texas, durante la campaña celebrada en enero de 1950.

¿Quién se iba a imaginar que este niño nacido en la montaña, un día llevaría el mensaje del Evangelio alrededor del mundo entero; que iría a casa de reyes y grandes magistrados a ofrecer la oración de fe por el enfermo y afligido? De todas las familias de aquel sitio, la familia Branham era la más pobre. Sin duda que los caminos del Señor son inescrutables; ¿cómo hubiesen creído si alguien hubiese dicho que Dios a través de este niño algún día haría que demonios fueran reprendidos, que el ciego viera, que el mudo hablara, que el sordo oyera, que cánceres fueran sanados, y que millares de millares cayeran sobre sus rodillas pidiendo misericordia con lágrimas de arrepentimiento? Tampoco hubiesen creído cómo aviones volarían de continente a continente a tan grande velocidad para traer

enfermos a su presencia al igual que trenes y autobuses traerían centenares de enfermos a recibir la sencilla oración de fe de este siervo de Dios y ser libertados de toda clase de enfermedades.

Dios le Habla por primer vez

Varios años pasaron y el muchacho era de unos siete años de edad, habiendo entrado apenas en una escuela rural, unas millas al norte de Jeffersonville. Para este tiempo fue que Dios habló a este niño por primera vez. Dejemos al Hno. Branham narrar en sus propias palabras la historia de esta tan peculiar visitación. “A esta edad fue cuando por primera vez me interesé por el futuro. Siempre he amado la cacería y la pesca, y en esa tarde tan hermosa a fines de septiembre, algunos de mis amigos habían ido a pescar a un pozo cercano donde abundaban los peces grandes. Aquella tarde yo lloré mucho porque no pude ir con ellos a pescar, pues papá me había dicho que tenía que cargarle agua del estanque. Mi padre tomaba mucho licor y en este tiempo del año era cuando se destilaba una especie de licor muy fuerte y a mí me había tocado cargar agua al alambique, que seguramente estaría trabajando esa noche. Cuando venía de regreso con mis baldes llenos, bajando por el camino me detuve a descansar debajo de un árbol, llorando porque no había podido ir con mis amigos a pescar. Mientras estaba sentado allí junto al árbol, algo sucedió que nunca podré olvidar. Aparentemente, oí como el viento soplando entre las hojas del árbol, miré hacia arriba y no había ningún movimiento en las hojas, tampoco había señal de viento; era una tarde bastante quieta. Me retiré del árbol y al mirar hacia arriba, noté que en cierto lugar había un remolino del tamaño de un barril; el viento parecía estar soplando sobre las hojas de un sitio específico del árbol.

 

 

 

El ruido se hacía más fuerte y de repente de en medio de este remolino salió una voz audible y me dijo:

“Nunca fumes ni bebas ni en ninguna manera deshonres tu cuerpo, por que tengo una obra para ti cuando tengas mayor edad.”

Tanto fue el miedo que me dio aquella voz que no supe qué hacer. Llorando corrí a casa, pero a nadie le conté lo que había acontecido. Asustado y temeroso caí sobre los brazos de mi madre; ella creyó que una serpiente me había mordido, pero le expliqué que solamente estaba asustado, entonces me acostó en la cama y hasta iba a llamar al doctor, creyendo que yo había sufrido un ataque de los nervios. Ahora, amigos, comprendo que muchos se burlan de esto que les cuento, pero no soy responsable por lo que otros dicen, solamente soy responsable de decir cuál fue mi propia experiencia.

Desde ese día en adelante yo me desviaba de aquel sitio, tratando de esquivar aquel árbol, según yo pensaba en aquel árbol había un hombre escondido, y todavía creo que es la verdad. Lo cierto es que era el Ángel del Señor. Años más tarde me encontré con El, cara a cara, y El habló conmigo.

Debido a esta forma tan rara de Dios tratar conmigo, nunca pude beber ni fumar. Recuerdo una vez que iba al río con mi padre y otro hombre amigo de mi padre. Ellos me ofrecieron un trago de whiskey, y como yo quería obtener favor con este hombre para que me prestara un bote, acepté el trago; pero tan positivo como les hablo, volví a oír ese extraño sonido como de un viento agitando las hojas.Mirando alrededor y no viendo señal de que estuviera soplando el viento, volví a llevar la botella a mis labios nuevamente, cuando de repente oí aquel ruido, pero esta vez más fuerte. El temor se apoderó de mí como en otras ocasiones, tiré la botella y salí corriendo, mientras mi padre me llamó un niñito afeminado.

¡Oh, cuánto me dolió eso! Más tarde volví a ser llamado de igual forma por una amiga mía cuando le dije que no fumaba. Airado por su burla, tomé un cigarrillo en mi mano y lo iba a prender para fumar de todas formas, cuando nuevamente fui sorprendido por ese familiar sonido, lo que hizo que tirara el cigarrillo al piso y saliera corriendo y llorando porque yo no podía ser como los demás muchachos. Al mismo tiempo las burlas de mis compañeros retumbaban en mis oídos, mientras corriendo me alejaba de aquel sitio.

Siempre he sentido una sensación como si alguien caminara conmigo a mi lado y tratara de decirme algo, especialmente cuando estoy a solas. Nadie parecía entenderme, ni aún yo mismo. Los muchachos con los que me asociaba nada querían saber de mí porque yo no fumaba ni bebía, ni tampoco asistía a bailes de los cuales todos ellos participaban. Así pues, parecía como si yo hubiera de ser a través de toda mi vida, la “ovejita negra”, sin encontrar alguien que me pudiera comprender, y ni aún entendiéndome a mí mismo.

Conversión

William Branham, el muchacho, aunque él había recibido esas extraordinarias manifestaciones de la providencia Divina en su vida, sin embargo no era aún convertido. Por un tiempo él resistió el llamamiento. A la edad de catorce años fue seriamente herido mientras cazaba y tuvo que permanecer meses recluido en un hospital.

Dios trató con él, pero aun él no hacía caso. Sin embargo, la urgencia del llamamiento venía a ser más y más consciente para él. En vista de que sus padres no eran Cristianos, él no tenía ningún estímulo en su hogar, y según iba creciendo, el enemigo trató de ahogar esa tranquila y pequeña voz que siempre estaba hablando a su corazón.

El se va al Oeste

Cuando él llegó a la edad de 19 años decidió marcharse hacia el oeste para trabajar en un rancho. En una semana de septiembre del año 1927, él le dijo a su madre que iba en un viaje de campo a Tunnel Mill, una localidad como a 14 millas al norte de Jeffersonville. El le dijo eso porque comprendió que si su madre llegaba a saber algo de sus planes de irse al oeste, ella hubiera tratado de impedir que él hiciera el viaje. Pero cuando su madre supo de él otra vez, en vez de estar en Tunnel Mill, estaba bien lejos, en Phoenix, Arizona. En realidad, en el fondo de su corazón, él sabía que estaba huyendo de Dios. El gozó de la vida en el rancho por un tiempo y de la novedad del Oeste, pero como todos los placeres del mundo, pronto se volvieron viejos.

De sus experiencias en el Oeste y del llamado de Dios que estaba siempre en su corazón, él decía: “Muchas veces he oído el viento soplando entre los altos pinos. Parecía como si yo pudiera oír Su Voz llamando en medio del huerto, diciendo: ‘Adam, ¿dónde estás tú?’ Las estrellas parecían estar tan cerca que uno las podía coger con las manos. Dios parecía estar muy cerca.”

“Una cosa que yo recuerdo muy bien de Arizona, son las carreteras en el desierto. Si uno se aparta en algún momento de la carretera, se puede perder fácilmente. Algunas veces los turistas ven pequeñas flores del desierto y se salen del camino para cogerlas. Ellos vagan por el desierto y se pierden, y algunas veces mueren de sed. Así es en el Camino Cristiano. Dios tiene un Camino. El habla de ese Camino en Isaías 35.8.

Es llamado el “Camino de Santidad.” Muchas veces pequeños placeres del mundo nos alejan del Camino. Entonces perdemos nuestra experiencia con Dios. En el desierto, cuando uno está perdido, algunas veces aparecen espejismos. Para aquellos que están muriendo de sed, el espejismo sería un río o un lago. Ellos 

‘corren y se lanzan dentro de ellos, sólo para darse cuenta que se están bañando en arena caliente. Algunas veces el diablo le muestra algo que él dice ser muy bueno. Eso es sólo espejismo; es algo que no es real. Si usted lo escucha, se encontrará amontonando tristezas sobre su cabeza. No le haga caso. Querido amigo. Crea a Jesús, quien da agua viva para aquellos que están hambrientos y sedientos.”

Un mensaje Triste

Un día el joven recibió una carta de su hogar informándole que uno de sus hermanos estaba muyenfermo. Era Eduardo, el que le seguía en edad a él. El no pensó que la enfermedad era muy seria y creyó que todo se normalizaría. Sin embargo, una tarde, unos cuantos días después, él regresó al rancho desde la ciudad, y mientras él atravesaba el pasillo del rancho, le fue dado un mensaje escrito que decía: “BiII, sal hacia el pasto del norte, muy importante. El de inmediato salió al pasto del norte y la primera persona con la que se encontró. fue con un viejo ranchero estrella solitaria a quien llamaban “Pop”. El viejo tenía una expresión de tristeza en Su rostro. y dijo: “BiII, muchacho, tengo malas noticias para ti.” En esos mismos momentos, el capataz venía subiendo. Ellos le dijeron que su hermano, Eduardo, había muerto. Usted puede imaginarse lo que significaba este choque para el joven al comprender que nunca más volvería a ver vivo a su hermano en este mundo.

Desde entonces los acontecimientos comenzaron a suceder. Cada vez que él resistía a Dios, tragedia o tristezas de alguna forma venían sobre él. Cuando él se sometía y obedecía a Dios, el Señor le bendecía y prosperaba. Indudablemente que esa misma lección debe ser aprendida por cada persona viviente. Ojalá que todos pudiéramos aprender por el sufrimiento de otros, en vez de aprender por nuestras propias experiencias amargas.

Tomémonos de nuevo al Hno. Branham mientras él relata los efectos de esa noticia en él, de su triste viaje a su hogar, y los eventos que siguieron, los cuales, finalmente resultaron en su conversión a Cristo: “Cuando comprendí la noticia de la muerte de mi hermano, por un momento no podía moverme.

El era la primera muerte en la familia. Pero yo quiero decir que lo primero en que pensé fue si él estaba preparado para morir.

Mientras me volteaba y miraba la amarilla pradera, lágrimas corrían por mis mejillas. Yo recordaba cómo luchábamos juntos cuando éramos muchachos pequeños y cuánto sufrimos o cuán duro había sido para nosotros. Íbamos a la escuela con casi nada de comer. Los dedos se nos salían de los zapatos, y teníamos que usar abrigos viejos prendidos con alfileres hasta el cuello porque no teníamos camisa que ponemos. Cómo recuerdo también que nuestra madre un día nos tenía “pop corn” (cotufas o “palomitas” de maíz reventado) en una lonchera para nuestro almuerzo.

Nosotros no comíamos con el resto de los muchachos. Nosotros no podíamos gozar de alimentos como los que ellos tenían. Siempre nos íbamos detrás de la colina a comer. Yo recuerdo que el día que teníamos “pop corn” creíamos que teníamos la gran merienda. Por consiguiente, para asegurar de que yo obtendría mi parte de ello, salí antes de mediodía y torné una buena parte a mano llena antes de que mi hermano tomara su parte. Parado allí mirando la pradera quemada por el sol, yo pensé en todas esas cosas y me pregunté si Dios lo habría llevado a un mejor lugar. Entonces Dios volvió a llamarme, pero, como siempre, yo traté de resistirlo.

Yo me preparé para regresar a casa para el entierro. Cuando el Rev. Mc. Kinney de la Iglesia de Port Fulton, un hombre que es como un padre para mí, predicó en el servicio funeral, hizo mención de que

“Quizás haya alguno aquí que no conoce a Dios; si así es, acéptelo ahora.” Oh, cómo yo me agarré a misilla; Dios estaba tratando conmigo de nuevo. Querido lector, cuando El le llame, contéstele.

Yo nunca olvidaré cómo papá, el pobre viejo, y mamá lloraban detrás de la marcha fúnebre. Yo deseaba regresar al Oeste, pero mamá me suplicó tanto que me quedara que finalmente acepté quedarme si podía encontrar trabajo. Pronto conseguí un trabajo con la Compañía de Servicio Público de Indiana.

Enfermedad

Como dos años más tarde, mientras probaba unos relojes medidores en el taller de contadores, en los trabajos del gas en Nueva Albany, yo fui asfixiado con gas, y por semanas sufrí de eso. Fui donde todos los médicos que conocía. No tenía mejoría. Sufría de acidez estomacal causada por el efecto del gas. Me iba poniendo peor cada momento. Fui llevado a especialistas en Louisville, Kentucky.

Ellos finalmente dijeron que era mi apéndice, y dijeron que tenía que ser operado. Yo no lo podía creer porque nunca había sentido un dolor en mi lado. Los médicos dijeron que no podían hacer nada más por mí hasta que me sometiera a la operación. Finalmente accedí a que me la hicieran, pero insistí que usaran anestesia local, para poder observar la operación.

Yo quería que alguien que conociera a Dios estuviera a mi lado. Yo creía en la oración pero no podía orar. Así que el ministro de la Primera Iglesia Bautista fue conmigo a la sala de operaciones. Cuando me tomaron para cambiarme de la mesa de operaciones a mi cama, sentí que me ponía cada vez más débil. Mi corazón casi no estaba latiendo. Sentí la muerte sobre mí. Mi respiración se acortaba cada vez más. Yo sabía que había llegado al final de mi carrera. Oh, amigo, espere hasta llegar allí, entonces pensará usted en las muchas cosas que ha hecho. Yo sabía que nunca había fumado, bebido, o tenido ningún hábito sucio, pero yo sabía que no estaba listo para encontrarme con mi Dios.

Si usted sólo es un miembro de iglesia formal y frío, se dará cuenta cuando llegue a su fin, que no está preparado. Así que si eso es todo lo que usted sabe de Dios, yo le pido aquí mismo que doble sus rodillas y le pida a Jesús que le dé la experiencia del nuevo nacimiento, como aquel del cual El habló a Nicodemo en

el capítulo 3 de Juan, y ¡Oh! ¡Cómo repicarán las campanas de júbilo! Alabado sea Su Nombre.

Dios le habla

Comenzó a oscurecerse más el cuarto del Hospital, como si fuera un gran bosque, Yo podía oír el viento soplando entre las hojas, aunque parecía estar soplando bien adentro en el bosque. Quizás usted haya escuchado el viento soplando entre las hojas que se va acercando cada vez más. Yo pensé: “Bueno, esa es la muerte que viene a buscarme.” ¡Oh!, mi alma iba a encontrarse con Dios; yo traté de orar pero no podía.

Más cerca vino el viento, más duro y más fuerte. Las hojas susurraban y de pronto sentía haberme ido. Parecíame haber vuelto a ser el pequeño niño descalzo, parado en aquella vereda bajo el mismo árbol.

Yo escuché esa misma voz que dijo: “Nunca bebas ni fumes.

Y las hojas que escuché eran las mismas que soplaron en aquel árbol aquel día.

Pero esta vez la voz dijo: “Yo te he llamado y tú no has querido venir.” Las palabras se repitieron por tres veces. Entonces yo dije: “Señor, si ese eres Tú, permíteme volver de nuevo a la tierra y predicaré Tu Evangelio desde los terrados y las esquinas de las calles. Yo le contaré a todo el mundo sobre esto.”

Cuando esta visión pasó, me di cuenta de que me sentía mejor. Mi cirujano se encontraba todavía en el edificio. El vino y me miró, y quedó sorprendido. El miró como creyendo que estaría muerto; entonces dijo: “Yo no soy un hombre que visito iglesia, mi práctica es muy grande, pero yo sé que Dios ha visitado a este muchacho.” Por qué él dijo eso, yo no lo sé. Nadie había dicho cosa semejante. Si yo hubiese sabido entonces lo que sé ahora, me hubiese levantado de la cama gritando alabanzas a Su Nombre. Después de algunos días se me permitió regresar a mi hogar, pero todavía estaba enfermo y fui obligado a usar espejuelos por causa del astigmatismo, un defecto de la vista. Mi cabeza temblaba cuando miraba algo fijamente.

Conversión y llamamiento

Yo comencé a buscar a Dios. Yo fui de iglesia en iglesia tratando de conseguir algún lugar donde hicieran esos llamamientos al altar como lo hacían antes. Lo triste del asunto fue que no encontré ninguno. Una noche sentí tanta necesidad de Dios y de una experiencia real, que me fui a la vieja cabaña detrás dela casa, y traté de orar. Yo no sabía cómo orar, de modo que entonces sólo comencé a hablarle como le hablo a cualquier persona. De repente apareció una luz en la cabaña y formó una cruz, y la voz desde la cruz me hablaba en un lenguaje que no podía entender.

Después se fue. Yo estaba extasiado. Cuando volví en mí de nuevo, yo oré:

“Señor, si eres Tú, por favor ven y háblame otra vez.”

Yo estaba leyendo mi Biblia desde que regresé del hospital, y había leído en Ira. de Juan 4: “Amados, nocreáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios.”

Yo sabía que algo se me había aparecido, y mientras oraba volvió a aparecerme. Entonces fue cuando pude sentir como si me hubieran quitado mil libras de peso de mi alma. Brinqué y corrí hacia la casa y me parecía que estaba corriendo en el aire.

Mamá me preguntó: “Bill, ¿qué te ha pasado?” Yo le contesté: “Yo no sé, pero de seguro que me siento bien y muy liviano.” No pude permanecer más tiempo en la casa. Tenía que salir afuera y correr.

Yo sabía que si Dios quería que yo predicara, El me sanaría; por lo tanto fui a una iglesia que creía en la unción con aceite, y fui sano instantáneamente. Yo me di cuenta que los discípulos fueron bautizados con el Espíritu Santo y, por consiguiente, podían sanar los enfermos y hacer milagros poderosos en Su Nombre.

Así que comencé a orar por el Bautismo del Espíritu Santo. Un día, como seis meses más tarde Dios me dio el deseo de mi corazón. El me habló en una gran luz diciéndome que predicara y orara por los enfermos y El los sanaría sin importar qué tipo de enfermedad. Entonces comencé a predicar y hacer lo que El me dijo que hiciera.

De vez en cuando la gente me ha preguntado si yo he recibido el bautismo del Espíritu Santo. Eso siempre me ha impresionado como una pregunta misteriosa. Porque es imposible que ningún don del Espíritu Santo funcione libremente a menos que el individuo que posea el don haya también recibido al Dador del don.

 

Un Matrimonio Feliz y una Falta de Decisión

Luego de su conversión y llamamiento al ministerio, comenzó para él un período feliz en su vida, cuando las bendiciones de Dios descansaban sobre el joven predicador. Todo parecía ir bien. El comenzó una campaña bajo carpa. Para un predicador joven como él, de veinticuatro años de edad, la campaña fue sumamente exitosa. Se estimó que tres mil personas asistieron por noche a la campaña y que hubo muchas conversiones. En el servicio bautismal que siguió a la campaña. Unas 130 personas fueron bautizadas en agua. Fue en esta ocasión cuando apareció una

LUZ CELESTIAL SOBRE LA CABEZA DE EL, cuando bautizaba al creyente número 17.

Esto fue presenciado por la vasta multitud que miraba desde la orilla del río Ohio. Este suceso fue publicado en un periódico de la localidad. La gente que había sido convertida en esta campaña, le construyó un templo, el cual hasta el presente lleva el nombre de “Tabernáculo Branham”.Los años que siguieron fueron unos de gran provecho y bendición en los cuales las bendiciones del Señor reposaron sobre él. Para este tiempo él también recibió algunas visiones que él no entendió a plenitud hasta años más tarde, cuando una revelación más completa del plan de Dios para su vida le fue dada a conocer.

Matrimonio

Fue para este tiempo que él conoció una excelente joven cristiana, cuyo nombre era Hope Brumback. Después de algunos meses de noviazgo, la joven aceptó la proposición de William Branham, y se casaron. proposición por carta, su matrimonio y los eventos que siguieron: Dejemos al Hno. Branham narrar en su forma simple pero siempre dramática, la historia de su timidez, la “Yo era un muchacho de campo de pequeña estatura y era muy tímido. Considerando lo tímido que yo era, quizás Ud. se preguntará cómo fue posible que yo llegara a casarme. Yo conocí una buena muchacha cristiana.

Yo la consideraba maravillosa. Mis convicciones exigían una muchacha que no bebiera ni fumara. Era difícil encontrar esa clase de muchacha en aquel entonces, y ahora es peor. Yo amaba a esta buena muchacha pero yo no tenía suficiente valor para decírselo. Pero sabía que tenía que hacerla pronto -ella era demasiado buena muchacha para perder tiempo conmigo- pues quizás podría aparecer otro pretendiente. Yo sólo ganaba veinte centavos la hora y su papá ganaba algunos cientos de dólares al mes.

Todas las noches que la veía decía dentro de mí: “Se lo vaya decir esta noche.” Y cuando se lo iba a decir se me formaba como una pelota en la garganta y tenía que dejarlo para otro día. Ya no sabía qué más hacer.

¿Saben Uds. lo que por fin tuve que hacer? Le escribí una carta y así se lo dije.

Bueno, aquella carta tenía un poco más de romance que un simple “Apreciada señorita.” Yo hice todo lo posible por escribirle una buena carta, pero aun así creo con seguridad que fue muy pobre. Por la mañana me preparé para echarla al buzón; pero, de momento vino a mi pensamiento lo que podría pasar si la carta caía en las manos de su mamá. Pero de todas formas tenía que hacerla porque yo no me atrevía a dársela personalmente. Finalmente tuve suficiente valor para echarla al buzón el lunes temprano en la mañana.

Yo estaba supuesto a pasar por ella el miércoles para llevarla a la iglesia. Toda esa semana, de lunes a miércoles la pasé nervioso. Llegó el miércoles y fui a buscarla. Según iba, pensé en qué sucedería si su mamá salía y me decía: “William Branham.” Yo sabía que yo me las entendía bien con la muchacha, pero con la mamá no estaba seguro.

Finalmente toqué en la puerta y llamé a Hope, que era el nombre de la muchacha. Ella salió a la puerta y dijo: “¿Quieres entrar?” Le dije: “Si no te parece mal, me quedaré en el balcón.” Yo me aseguré de no entrar en la casa. Entonces ella me dijo: “Está bien, estaré lista en algunos minutos.” Yo tenía un carro viejo modelo T·Ford, pero ella me dijo: “La iglesia no queda muy lejos, vamos a caminar.” Esto me alarmó y pensé que algo había sucedido. Fuimos a la iglesia pero ella no dijo nada en el camino. Estaba tan nervioso esa noche que no oí nada de lo que dijo el predicador. Ud. sabe, una mujer puede mantenerlo en suspenso.

Después que salimos de la iglesia, comenzamos a caminar. Era una noche de luna. Pero todavía ella no me decía nada. Al fin pensé que ella no había recibido la carta. Esto me hizo sentir mejor. Pensé que quizás el cartero la había entregado en otra casa. Pronto volví en mí nuevamente. Entonces ella volteó y me dijo: “BilIy, recibí tú carta.” Entonces dije para mí: “Y ahora, ¿qué voy a hacer?” Luego le pregunté: “La… la leíste?” Ella dijo: “Uhjuh.” Me puse más nervioso que nunca. Ya estábamos llegando cerca de la casa. Volví a preguntarle: “Pero, ¿la leíste toda?” Ella dijo: “Uhjuh.” Ya habíamos llegado a las escaleras. Me preocupaba si ella habría de llevarme a donde estaba su madre. Le dije rápido: “¿Qué crees de eso?” Ella me contestó: “Está bien.” Yo no hablé con la mamá, pero sabía que tarde o temprano iba a tener que hablar con uno de sus padres. Pensé que era más fácil hablar con el papá, ya que él y yo nos llevábamos bien. Una noche fui donde él, él estaba sentado en su Buick. Ustedes saben, yo sólo tenía un T·Ford. Entonces le dije: “¡Óigame! Ese sí es un buen carro.” Y él me contestó: “Tú también tienes un buen Ford.” Entonces yo le dije: “Es… este, es… esteeeee…” El me miró y me dijo: “Está bien, Billy, te puedes casar con ella.” ¡Oh! ¡Qué alivio! Entonces le dije: “Pero Ud. sabe, yo sólo gano veinte centavos la hora haciendo zanjas. Pero yo haré todo lo que pueda por ella, le seré fiel y la amaré con todo mi corazón.” El puso sus manos sobre mis hombros y me dijo: “Billy, yo preferiría dártela a ti que a cualquiera otra persona que yo conozca, porque yo sé que tú serás bueno con ella y la amarás.”

Nos casamos, no creo que hubiera un sitio en el mundo más feliz que nuestro pequeño hogar. Era maravilloso. No teníamos mucho mobiliario: una cama plegadiza, una alfombra vieja y una estufa que yo había comprado de segundas manos y le había cambiado las parrillas. Pero créame, aquello era un hogar.

Yo prefiero vivir en una choza y tener favor con Dios, que vivir en la mejor casa que pueda haber. mucho. Yo me sentía tan bien cuando podía hacer algo por ella. A los dos años tuvimos un nene, elTodo iba a las mil maravillas. Mi esposa ahorraba su dinero para comprarse un traje que le gustaba pequeño Billy Paul. Cuando lo oí llorar en el hospital me pareció ser un nene, se lo entregué al Señor antes de verlo.

El Asiste a una Convención del Evangelio Completo:

Yo había ahorrado algún dinero con el propósito de comprarme un equipo de pescar y fui al lago de Pawpaw en Michigan a pasar unos días allá. Pronto me vi escaso de dinero y tuve que· regresar. En mi viaje de regreso, al cruzar el río de Mishawaka vi una gran multitud que se reunía para unos servicios.

Me pregunté que clase de gente sería ésta y decidí asistir también a los cultos. Fue aquí cuando me relacioné por primera vez con Pentecostés. Averigüé que esta gente se había reunido para una convención. Eran gentes bien expresivas, todo esto era nuevo para mí. Comenzaron a cantar “Sé que fue la sangre, sé que fue la sangre.”

Todo el mundo batiendo las manos. Yo dije: “¿Qué clase de gente serán estos?” Rápidamente se levantó un obispo y predicó sobre el bautismo del Espíritu Santo. Cuanto más largo predicaba, más me convencía yo de que quizás algo había en esto. Decidí quedarme otro día más. Como no tenía dinero suficiente para pagar un hotel, me fui y metí el carro en un sembrado de maíz y allí pasé la noche.

Al día siguiente me levanté bien temprano y me fui para la iglesia, Yo había comprado pan y leche, tratando de que me rindiera el poco dinero que me quedaba. Cuando llegué a la iglesia, ya había bastante gente reunida para el servicio de la mañana. Aquella noche había muchos predicadores sentados en la plataforma. El líder dijo: “No tenemos suficiente tiempo para oírlos predicar a todos, pero les vamos a pedir que se pongan de pie y digan su nombre.” Cuando llegó mi turno me puse en pie y dije: “Evangelista William Branham”, y me volví a sentar.

La tarde siguiente pusieron a predicar a un hermano de color, ya anciano. Me asombró que pusieran a predicar a un hombre tan viejo frente a una congregación tan grande. El predicó sobre el tema “¿Dónde estabas tú cuando puse los cimientos a la tierra, cuando todas las estrellas alababan juntas?” ¡Vaya! Aquel anciano se remontó como a un millón de años antes que el mundo fuera creado.

El casi tocó todo lo que había en el cielo, luego bajó y predicó sobre el arco iris y por allí siguió hasta cubrir todo lo que había en la tierra, hasta llegar a la segunda venida del Señor. Al terminar el sermón estaba tan ágil como un hombre joven. Al bajarse de la plataforma él dijo: “Ustedes no tienen suficiente sitio para yo predicar.” Me di cuenta que Dios había hecho algo por este hombre que no había hecho conmigo.

Cuando comenzó a predicar me compadecí de él, pero cuando ya había entrado en calor, entonces me compadecía de mí mismo. Esta gente tenía algo que yo no tenía, y yo lo quería. Aquella noche volví al sembrado de maíz y allí dormí nuevamente. Por la mañana, yo supuse que nadie me conocía y decidí ponerme unos pantalones que no eran muy apropiados para la ocasión, pero me los puse de todas maneras. El otro pantalón estaba muy arrugado debido a que lo había usado de almohada. Este iba a ser el último día que iba a poder estar, pues apenas me quedaba el dinero para la gasolina. Me fui para la iglesia y cuando llegué estaban cantando y batiendo las manos, alabando al Señor. Yo quería el Bautismo del Espíritu Santo, si el Señor me lo concedía.

Le Piden que predique en la Convención

El ministro encargado se puso de pie y dijo: “Hemos tenido el servicio de testimonios dirigido por el predicador más joven aquí. El otro predicador joven que le sigue es William Branham, de Jeffersonville.”

El dijo: “Venga, Reverendo Branham, si está en el edificio.” Créanme, esto me asustó. Miré para abajo y me di cuenta del pantalón que tenía puesto. Me quedé quietecito. De hecho, yo nunca había visto altoparlantes. Yo no quería pararme a predicar frente a todos estos predicadores tan tremendos. Volvieron a llamar: ‘‘¿Sabe alguien dónde está el Rev. Branham?” Esta vez

me bajé más todavía en mi asiento. Otra vez volvieron a llamar. mentir, por tanto le dije: “Sí, yo sé quién es.” El dijo: “Ve y búscalo.” Le dije: “Óigame, yo soy el Hno.Un hermano de color que estaba sentado a mi lado, me preguntó: “¿Sabe quién es?” Esta vez no iba a Branham, pero es que yo no quiero subir a la plataforma con estos pantalones.” Entonces él me dijo: “Esta gente no se fija en la forma en que usted viste, ellos lo que miran es lo que hay en su corazón.”

Entonces le dije: “Por favor, no diga nada.” Pero este hombre de color no aguantó un momento más. Gritó: “¡Aquí está, aquí está!” Mi corazón casi se desmayó. No sabía qué hacer. Pero aquella noche en el sembrado de maíz yo había orado al Señor: “Señor, si esta es la gente que yo siempre he anhelado encontrar, tan alegres y libres, concédeme favor con ellos.”

Bueno, el Señor me concedió favor delante de ellos, pero yo siempre he detestado pararme delante de una congregación con aquella clase de pantalones. Todo el mundo tenía la mirada puesta en mí, tenía que hacer algo. Me paré y fui a la plataforma. Mi rostro estaba enrojecido. Cuando vi aquellos micrófonos frente a mí, dije: “Pero, ¿qué es esto?” Oré al Señor: “Señor, si alguna vez has ayudado a alguien, ayúdame a mí ahora.”

Abrí mi Biblia y mis ojos enfocaron el versículo: “El hombre rico levantó sus ojos en el infierno.”Y de aquí prediqué. “Entonces daba él voces. Allí no habían cristianos y él lloraba. Allí no había iglesias y él gritaba. Allí no había flores, y él gritaba. Allí no estaba Dios y él gritaba.” Yo era más bien un predicador formal, pero según predicaba, algo se apoderó de mi,y el poder de Dios descendió en la congregación.

Los Hermanos lo Invitan a Conducir Avivamientos

Después que terminó el culto que duró como dos horas más, salí afuera. Un predicador se me acercó, un hombre alto con botas de vaquero, él mismo se dio a conocer. Me dijo: “Yo soy de Texas y tengo una buena iglesia allá, ¿qué te parece si tienes dos semanas de cultos conmigo’?” Otro predicador de Florida vino y me dijo: “Oye, ¿qué piensas acerca de estar conmigo para unos cultos?” Tomé una hoja de papel y comencé a apuntar todas aquellas direcciones que me daban, y al momento tenia suficientes invitaciones para cubrir un año completo.

¡Oh! ¡Qué contento estaba! Salté a mi carro viejo y me fui para Indiana. Cuando llegué a casa, mi esposa salió corriendo y puso sus brazos sobre mí; me miró y me preguntó: “¿Por qué estás tan contento?” Le dije: “Me encontré con la gente más contenta que jamás haya podido encontrarme. De verdad que siempre están contentos, y no se avergüenzan de su religión.

Algo ha pasado conmigo desde entonces. Ellos me pusieron a predicar ~n su convención y, lo que es más, me han invitado para que les predique en sus iglesias.” Entonces le dije: “¿Vas. Conmigo?” Ella me contestó: “Amor, yo he prometido ir contigo a donde quieras hasta que la muerte nos separe.” Quiera el Señor premiar su fiel corazón. Entonces decidí ir y decírselo a mamá. Cuando llegué a ella, le dije: “Mamá, tengo algo que decirte.”

Entonces le conté lo de las invitaciones. Ella me preguntó:” ¿Y qué vas a hacer para conseguir dinero?” Sólo teníamos diecisiete dólares para nosotros, pero sentimos que el Señor supliría. Me abrazó y me bendijo. Todavía ella ora por mí. Ella me dijo: “Hijo, nosotros teníamos esa clase de religión en nuestra iglesia años atrás, y yo sé que es real.”

Una Decisión Fatal

Amigos, lo que vaya decir ahora, espero que sirva para vuestra enseñanza. Deje que mis errores resulten en vuestra bendición. Familiares y amigos me aconsejaron para que yo no aceptara lo que yo sabía era el llamado de Dios para mí. Algunos me dijeron que la gente con la que yo me había encontrado en la convención, eran “basura”. Luego me di cuenta, y lo digo con reverencia, que lo que ellos llaman “Basura” es la crema de la sociedad. Se me dijo también que mi esposa no tendría suficiente para comer, que un día comería y el otro tendría que ayunar. Otros me dijeron que era mi deber quedarme en Jeffersonville atendiendo la obra allí. Yo les oí y decidí quedarme en Jeffersonville y no salir. Nunca pudimos imaginamos lo que acontecería ocho meses más tarde cuando fuimos atrapados mi familia y yo en la gran tragedia de la desastrosa inundación de Iría Ohio en el año 1937. Fue en este tiempo que la unción de Dios, que había venido sobre mí, me dejó.meses más tarde cuando fuimos atrapados mi familia y yo en la gran tragedia de la desastrosa inundación de Iría Ohio en el año 1937.

Realmente no volvió a regresar hasta cinco años más tarde. Mi iglesia hasta entonces había sido una iglesia próspera, pero había comenzado a decaer. Todo comenzó a ir mal. Con mi iglesia decayendo, no supe qué hacer. Entonces empezó el período negro de mi vida, cuando la inundación del río Ohio mató muchas personas y fue también responsable de la muerte de mis dos seres más queridos.

La Gran Inundación del río Ohio en el año 1937

El invierno de 1937 fue muy severo en toda la nación. Grandes nevadas cayeron cubriendo por días la parte noroeste del país; pero fue realmente en el este donde la tragedia fue más terrible. Espesas y largas lluvias cayeron continuamente por semanas, alimentando así todos los tributarios que desembocaron en el gran río Ohio, el cual descarga toda el área oeste de los Apalaches.

Gradualmente el río sobrepasó su nivel, causando gran peligro de inundación. Gran cantidad de gente que vivía a las orillas de río notaron esto con no poca malicia y preocupación, viendo ellos que las aguas no disminuían, sino que aumentaban, buscando salida por el valle abajo. Día tras día, el agua iba subiendo. Las represas fueron fortalecidas, pero la gente sabía que con un pequeño cambio que ocurriera en las aguas, sería suficiente para que el río arropara toda aquella área de tierra sembrada y ciudades que habían sido edificadas a lo largo del río. En la orilla norte del río, opuesto a Louisville, Kentucky, está la ciudad de Jeffersonville, Indiana. De todos los que vivían en la ciudad, quizás a nadie sorprendió este desastre en tiempo tan inoportuno como al William Branham.

Su esposa había contraído una seria infección en los pulmones. Debido a esta circunstancia, toda su atención e interés estaba puesto en su restablecimiento. Noticias llegaron a ellos, al igual que a los demás habitantes del pueblo, de que la cresta de la inundación se estaba moviendo lentamente hacia la parte baja, y que tal parecía que las debilitadas represas ya casi no aguantaban. Parecía como si Jeffersonville hubiese estado destinada a la ruina; a pesar de todo esto, todavía muchas personas permanecían en ella. Al oscurecer, William Branham estaba prestando servicio de emergencia, trabajando con la patrulla de rescate, patrullando las enfurecidas aguas del río, que cada vez crecían más. A mediodía las sirenas empezaron a sonar, dando aviso a todos los habitantes que abandonaran la ciudad, sus temores llegaron a hacerse realidad.

Las bocinas en las estaciones de bomberos sonaban en la entenebrecida noche. La familia Branham y miles de otras familias fueron forzadas a escapar por sus vidas. La esposa, estando seriamente enferma y en una condición crítica que no le permitía exponerla a la tormenta, tuvo que ser llevada a un hospital provisional instalado por el gobierno en tierras más altas. La salida ocasionó que los dos pequeñitos fueran afectados seriamente con pulmonía.

El padre los llevó también al hospital, donde fueron atendidos en unas camas improvisadas a la carrera donde otro gran número de víctimas esperaba ser atendido por tan atareado personal.

Aquel era un sitio muy pobre para un hospital, y para agravar la situación las puertas se abrían y se cerraban cada momento; pues a cada instante entraban y salían más personas apresuradamente, gritando histéricamente. Sus casas habían sido arrasadas por la fuerte corriente. Por más que quiso quedarse al lado de sus familiares, el joven ministro se dio cuenta que tenía la responsabilidad de regresar y ayudar a la patrulla de rescate que había estado trabajando toda la noche frenéticamente. Se había dado aviso de más tragedias en diferentes puntos, según las impetuosas aguas inundaban toda la ciudad y el otro lado en el campo.

A él le fue dado aviso de reportarse a cierta calle donde las aguas habían sacudido muchas casas desde sus cimientos. Maniobrando en un bote, allá se dirigió atravesando las furiosas aguas en esta área. De repente su atención fue atraída hacia un penoso panorama. Una madre con su niño parados en el balcón superior de su casa, desesperadamente hacían señal pidiendo ayuda. En la narración de este momento tan dramático, dejaremos al Hno. Branham describir lo sucedido.

“Oí a alguien que gritaba, al mirar, noté una madre con su niño parada en el balcón superior de su casa que ya se balanceaba al ser golpeada por el grande oleaje. Yo he vivido en el río prácticamente toda mi“Oí a alguien que gritaba, al mirar, noté una madre con su niño parada en el balcón superior de su casa vida, y pensé que yo podía ayudar a rescatar a esta mujer, aún cuando tuviera que arriesgar mi vida por ella y por su niño, entonces me dirigí hacia la casa. Después de haberlos metido en el bote, la señora-casi

se desmayó; y se mantenía lamentándose de algo concerniente a su niño y yo pensé que quizás ella había dejado un niño en su casa. Luego de tenerlos a salvo en tierra alta, traté de regresar, pero ya era muy tarde; las aguas venían con tremenda fuerza, la corriente era muy fuerte y yo también fui atrapado en ella. ¡Oh!, yo nunca podré olvidar cómo me sentí entonces, tantas cosas pasaron por mi mente; cómo yo había tratado de vivir una vida cristiana, cómo había predicado la Palabra de lo mejor que yo había podido, pero ahora parecía como si todo estuviese en contra mía.

Cuando finalmente pude controlar mi bote, lo puse en tierra y entonces hice todo lo que pude por encontrar el hospital del gobierno (ya hacía cuatro horas que había salido de él). Cuando llegué, encontré que el agua se había metido en este sitio y que la gente había sido evacuada del mismo.

No sabía dónde habían puesto a mi esposa y nadie me podía informar. ¡Oh, qué triste me sentí en aquella hora! Seguí preguntando, y finalmente un oficial me dijo que ellos habían sido enviados en tren rumbo a Charleston, una ciudad como a doce millas más arriba de Jeffersonville; a donde me dirigí inmediatamente a ver si podía encontrarlos. Otro río más arriba de nosotros se había desbordado, inundando con sus aguas como cinco millas entre aquel sitio y Charleston; barriendo las casas de los agricultores, y yo sabía que el tren tenía que pasar por este territorio. No había forma de saber si el tren había pasado antes de suceder esto o si había sido arrasado por las aguas…

Por un buen tiempo estuve sin saber nada, pero luego supe que el tren había pasado antes. Conseguí una canoa y traté de ir en contra de las aguas, pero eran demasiado fuertes. Las aguas me llevaron a un sitio llamado Fort Fulton, con mis amigos allí estuvimos casi por dos semanas. La comida que nos daban ya era muy poca y todavía no sabía nada de mi esposa y de mis niños. Tan pronto como las aguas bajaron, seguí buscándolos. No sabía si mi esposa, niños, mi mamá y hermanos estaban vivos o muertos. Dios siempre se mantenía hablando a mi corazón, yo me imaginaba de aquellos que no tenían esperanza en aquella hora.

Al otro día crucé las aguas y comencé la búsqueda en la ciudad de Charleston, Nadie allí sabía si aquel tren había llegado, ni tampoco sabían de nadie de apellido Branham. Mientras caminaba desalentado por aquellas calles, me encontré con un viejo amigo: Mir Hay. El me abrazó y me dijo: “Billy, los encontraremos en algún sitio.”

Fui donde el director de trenes y le pregunté cuándo había llegado el tren y hacia dónde había ido, pero tampoco pudo ayudarme. Ya hacía dos semanas y habían ocurrido más y más derrumbes y hundimientos y él creía que había ido más allá, a algún sitio de Indiana. Un ingeniero parado al lado mío habló y dijo: “Oh, yo recuerdo ese caso. Una madre con dos niños enfermos. Los dejamos en Columbus.” El me dijo: “Joven, tú no podrás llegar allá, las aguas tienen los trenes detenidos.” Nuevamente recibí malas noticias. Pero yo ¡iba a encontrarla de todas formas. Comencé a caminar calle abajo, llorando, con mi sombrero en mis manos. ¡Oh Señor! El sólo pensar en esto, me hace recordar muchas cosas. Pronto un carro se detuvo a mi lado y la voz de un buen amigo exclamó: “BilIy Branham, móntate. Sé a quién buscas: tu esposa y tus niños.” Le contesté: “Sí.” El me dijo: “Ellos están en Columbus en el hospital. Tu esposa está al borde de la muerte.” Desesperadamente le pregunté: “¿Hay alguna forma de llegar allá?” El me respondió: “Sí, yo te puedo llevar allá, yo encontré un camino secreto pasando por unas vías, dejamos el río a un lado.”Llegamos a Columbus aquella noche.

El Doctor da por Perdido el caso de Hope

“Me apresuré hacia la iglesia Bautista que estaba usada como hospital, gritando su nombre. La encontré. ¡Ay! ¡Oh, Señor! Casi estaba muerta. Pregunté por los niños; ambos estaban bien debilitados, estaban en casa de mi suegra. Me arrodillé al lado de la cama donde ella estaba acostada. Sus ojos me miraron dando a entender su intenso sufrimiento, mientras yo cogía su delgada y pálida mano en la mía y oraba de lo mejor que yo sabía; pero aparentemente sin ningún resultado, no había contestación. Ella empeoraba. Un practicante me preguntó: “¿No es Ud. amigo del Dr. Sam Adair?” “Sí”. “Déjeme decirle, reverendo, su esposa se va”. Suplicando le dije: “Seguramente que no”. “Sí”, contestó él gravemente y se fue”.

Desesperación – Entonces un Sueño del Cielo

“Regresé a casa y traté de limpiarla lo mejor que pude de los resultados de la inundación. Ya el doctor Adair me había dicho que podía traer a: mi esposa y los niños a casa, por eso ya había tratado de hacer de aquel sitio lo más confortable que me fuera posible. La lucha que tuve para salvarlos fue grande, los envié a un especialista a Louisville, pero fue en vano, ya estaban demasiado graves.

Yo estaba seguro que mi esposa no sabía esto. Ella fue muy valiente durante toda esta lucha. La volvimos a llevar al hospital para darle el tratamiento debido. Nada la mejoraba. Le tomamos rayos X y encontramos tuberculosis penetrando más y más en los pulmones”.

Llamada de Emergencia

“Un día me llamaron al trabajo… (yo estaba trabajando para salir de deudas. Ya debía cientos de dólares). Me dijeron: “Si quieres ver a tu esposa viva, ven inmediatamente”. Me monté en mi carro y a prisa me dirigí al hospital. Subí las escaleras tan pronto como pude y la primera persona que encontré en el pasillo fue mi buen amigo el Dr. Adair. El y yo hemos sido como hermanos desde pequeños. Cuando lo miré supe que tenía malas noticias para mí.

Me dijo: “Temo que ya se haya ido”. Cubrió su rostro y se fue a la antecámara. Traté de contenerme; le dije: “Ven conmigo, Sam”. “No puedo”, me contestó, “ella ha sido como una hermana para mí, no puedo volver al cuarto, Bill”.

Me dirigí solo al cuarto, entonces él llamó a una enfermera para que entrara conmigo. Cuando la vi, creí que ya estaba muerta, tenía el rostro cubierto con una sábana. Sólo quedaba un esqueleto de lo que ella era… tan pálida y delgada… ¡Oh, Señor! La tomé por la mano y comencé a despertarla. Yo gritaba, “Amor, contéstame… Señor por favor permite que vuelva a hablarme aunque sea por última vez”. Ya ella había cruzado al otro lado… Pero de repente ella se volteó y me miró. Ella abrió aquellos grandes y bellos ojos castaños. Trató de levantar sus brazos para recibirme, pero estaba tan débil, entonces yo me acerqué a ella.

Entendí como que ella quería hablarme, quería decirme algo. Amigos, esto fue lo que ella me dijo (en parte). Estará en mi memoria hasta que la vuelva a ver”.

Hope describe el Paraiso

Ella dijo: “Ya casi me había ido. ¿Por qué me llamaste? “Le dije que yo no sabía que la había interrumpido. Ella comenzó a describir el paraíso de donde yo la había llamado, ¡cómo era aquello…! árboles hermosos, flores, pajaritos, cantando, no había más dolor en su cuerpo. De momento pensé que no debí haberla llamado… (pero dichoso su corazón, ella ha estado gozando de ese lugar desde entonces). Ella revivió por un momento, y me dijo que ella había sido llevaba a su lugar por un ángel. Ella oyó que yo la llamaba desde bien lejos, a la distancia.

Amigos, hay una ciudad más allá del río, en algún sitio en el más allá. Quizás a millones de años luz de distancia, pero está ahí… y nosotros nos dirigimos hacia ese lugar.

Recuerda Pequeñeces en sus Ultimas horas

Ella me describió lo hermoso que era aquel sitio. Me dijo: “Amor, tú has predicado de él, has hablado de él, pero tú no puedes imaginarte lo maravilloso que es”. Ella deseaba volver a aquel lugar. Se detuvo un momento y me dijo: “Hay dos o tres cosas que quiero que sepas”. Le pregunté: “¿Qué es?”

“¿Recuerdas, Bill”, -comenzó ella- “una vez que tú fuiste a comprarme un par de medias?” (Recuerdo esa ocasión. Ella se estaba vistiendo para ir conmigo a un servicio a Fort Wayne y necesitaba un par de medias).

Me dijo que fuera a comprarle un par “tamaño completo” (full size) de rayón o chiffón. Yo nunca había podido recordar nada que tuviera que ver con ropa de mujer, entonces me fui calle abajo repitiendo dentro de mí: “Chiffon, chiffon”. Alguien me saludó, y yo le contesté: “Hola, chiffon, chiffon”.

Entonces me encontré con un amigo más adelante, y comenzó a decirme cuán buena estaba la pesca, me puse a hablar con él y se me olvidó la clase de medias que iba a comprar. Yo iba a comprarlas en Penney’s; entonces recordé que allí trabajaba una muchacha que yo conocía, y sabía que ella me podía ayudar, si le contaba la situación.

Me apresuré al lugar… (el nombre de ella era Therma Ford, ahora es vecina mía). Le dije: “Therma, quiero comprar un par de calcetines para Hope”. Ella se rió en mi cara. “Estás equivocado, Billy, Hope no usa calcetines, ella usa medias”. Le dije: “Pues dame un par de medias”.

Ella me preguntó: “¿Qué clase de medias quiere ella?” Entonces le pregunté: “¿Qué clase tienes?” -esperando que ella mencionara la clase de medias que yo buscaba, pero que se me había olvidado-, ella dijo: “Rayón, chiffón, etc”. Desafortunadamente mencionó primero el que no era, pero como se me pareció al que Hope me había dicho, le dije: “Ese mismo es”.

“¿Tú quieres decir que Hope quiere medias de rayón?” Me preguntó ella. “Eso fue lo que ella me dijo”, le contesté. Entonces ella las envolvió. Cuando fui a pagarlas encontré que sólo costaban 39 centavos, entonces le compré otro par.

Cuando llegué a casa para entregarle las medias, empecé a embromarla, (Uds. saben cómo al hombre de la casa le gusta echárselas de ser un buen comprador). Le dije que esta vez había sido yo el que había encontrado algo especial, entonces le di las medias.

Ella no me dijo nada, pero noté que no estaba muy satisfecha. Entonces cuando llegamos a Fort Wayne noté que volvió a comprar otras medias allá. Ella era lo suficiente dama para no decirme que había cometido un error en aquel instante. pero en esas pequeñeces pensaba ella en la hora de su partida.

Ahorra Dinero para Comprarle un rifle a su Esposo

Su vida iba decayendo, pero ella continuaba, “¿Te acuerdas del rifle que tú querías comprar en Louisville y no tenías para comprarlo? “Qué bien me acuerdo de eso… siempre he sido un cazador y cuando vi aquel rifle en particular, pensé, cuánto me gustaría tener ese rifle.

“Sí”, -yo trataba que ella no viera mis lágrimas-. Continuó ella diciendo: “Yo he estado ahorrando todos mis centavitos para comprártelo. Yo casi me voy ya, pero cuando llegues a casa encontrarás el dinero debajo de un papel en la parte de arriba de la alacena”.

Ud. nunca podrá imaginarse cómo yo me sentí cuando encontré aquellos seis o siete dólares. Ella los había estado ahorrando para comprarme aquel rifle. Lo compré y todavía lo tengo, y lo tendré mientras pueda, y luego se lo daré a mi pequeñito.

Sus Ultimas palabras

Recuerdo que fue en esta ocasión que ella me dijo que no me quedara soltero, que buscara una buena muchacha cristiana llena del Espíritu de Dios para que cuidara a los niños. Yo no quería prometerle eso, pero finalmente lo hice por complacerla. Minutos después me dijo débilmente: “Bueno, Bill, ya me voy para el otro lado”.

“No hables así”, le rogué.

“No me preocupa irme”, me dijo, “después de haber visto lo maravilloso que es”.

“¿De veras que te vas ahora, querida?”, le pregunté con lágrimas en mis ojos.

“Sí, me voy”, ella me dijo, “¿me prometes predicar este precioso evangelio siempre? ” Se lo prometí.

Me dijo: “Bill, Dios te va a usar “. (Dichoso su corazón… a veces pienso si Dios la dejará mirar sobre nosotros mientras vamos de un sitio a otro cumpliendo nuestro ministerio, tratando de obedecer el llamado que ella sintió que Dios enviaría).

Ella siguió hablando: “Tú has sido un buen esposo”. Cerca de nosotros estaba parada la enfermera y ella le dijo: “Quisiera que tú tuvieras tan buen esposo como lo he tenido yo”. Eso casi destrozó mi corazón, pero sabía que tenía que contenerme por motivo de ella.

Traté de sonreír y le dije: “Querida, si te vas, te enterraré allá en Walnut Ridge hasta que Jesús venga. Y si yo también durmiese antes de ese tiempo, probablemente estaré a tu lado”. Le dije: “Si no, estaré en el campo de batalla en algún sitio”.

Mientras sus suaves ojos castaños se iban apagando, seguí diciendo: “Cuando llegues allá a la nueva Jerusalem… busca en la parte éste del portón y comienza a llamar mi nombre… Cuando veas a Abraham, Isaac y Jacob, Pablo, Esteban y los demás subir allá, querida, yo estaré allí “. Ella hizo que me bajara y se despidió de mí dándome un beso… Entonces se fue para estar con el Señor.

Aquí estoy… batallando todavía, trabajando, haciendo todo por cumplir esa promesa.

Avisan que su niña se es Muriendo

Después que ella partió, fui a casa para ver cómo estaban los niños. Desesperadamente buscaba tranquilidad mental. Fui a casa de mi madre… fui a nuestra casa, la de Hope y mía. Nada me satisfacía. No podía descansar. Muchos de Uds. Saben lo que quiero decir.

Aquella noche me fui a la cama y traté de dormir. Alguien tocó a la puerta. Pensé: “¿Qué podrá ser ahora…?” Una voz llamó y dijo: “Billy, tu pequeña se está muriendo”.

Nunca podré olvidar aquella noche que me dieron la noticia. Yo dije: “Oh, Señor, ¿qué es esto? “Como si no fuese suficiente la muerte de mi esposa en aquel día, este amigo viene con la noticia de que mi pequeña se está muriendo. Cuando nos montamos en su camioneta para ir a ver a la pequeñita, pensé que la vida ya estaba por terminar. ¿Cómo era posible que estas cosas sucedieran?

Cuando llegamos, la encontramos bien grave, casi muriéndose. El Dr. Sam Adair, la había examinado. El me dijo que ya no sabía qué más hacer por ella, pero de todas formas avanzamos con ella hacia el hospital. Allí también un especialista dijo que había muy poca esperanza. Me llevaron al laboratorio del hospital y allí me enseñaron el germen que le habían sacado de la espina dorsal.

Ella tenía meningitis espinal que la había contraído de su madre. No había oportunidad alguna de que ella pudiera mejorar. Ella sin duda moriría muy pronto. No puedo expresar con mis labios cómo aquello, desgarró mi corazón. Todo lo demás iba mal y además esto estaba sucediendo. Esto nos lleva a pensar que Ud. nunca sabe lo que le espera en el futuro.

Luego fui al sótano a ver mi pequeñita, pues allí tienen los casos aislados. Allí la vi acostadita. Cada vez que pienso en esto, mi corazón se aflige dentro de mí. Era verano y el personal estaba tan atareado, que yo sabía que no le estaban dando la atención debida. Al entrar al cuarto la miré y ella también trató de mirarme.

Ya ella era lo suficientemente grande para estar gordita y juguetona. La pobrecita no se había podido recuperar del espasmo que le causó la meningitis. Estaba en una condición horrible. ¡Oh, qué escena tan triste!

Me arrodillé cerca de la cama y comencé a orar. Yo gritaba: “Señor, por favor, no te lleves a mi nena”. Yo sabía que había cometido un error al no haber dejado todo a un lado para dedicarme por completo a la obra evangelística. Yo creo que para entonces el don estaba listo para ser manifestado, pero yo había sido negligente en ir.

Me tiré al piso y comencé a orar y a clamar pidiéndole a Dios que le salvara su vida. Parecía como si una cortina negra colgaba en medio, y ella se hundía. Me levanté, la miré y le dije: “Sharon, ¿no conoces a papá?” Creo que ella sabía que yo estaba allí. Parecía como si tratara de mover su pequeña mano y sus labios temblaban como si quisiera llorar… Fue trágico. Su agonía fue tanta que sus ojitos se le cruzaron. ¡Oh, cada vez que veo un niño con los ojos cruzados me acuerdo de aquella ocasión, cuando los ojos de mi niñita se cruzaron de tan hondo sufrimiento. Uds. que tienen niños, se imaginan cómo yo me sentía.

Madre e Hija Enterredas Juntas

Oré y puse mis manos sobre ella. Pero los ángeles vinieron unos momentos después y llevaron a la pequeña a estar con su mamá. Yo regresé a casa solitario y preocupado. Dos días después la enterramos en los brazos de su madre.

Me acuerdo parado junto a la tumba con mi corazón destrozado. El Hno. Smith, ministro de la iglesia metodista de la ciudad, predicó un sermón para ambas. ¡Oh, cómo me sentía! Fue algo demasiado fuerte de soportar. De algún modo, al ver moverse las hojas de los árboles, me vino a la memoria aquel viejo himno:

“Hay una tierra más allá del río,

que ellos llaman la dulce eternidad.

Y sólo a su orilla llegaremos

bajo el manto de fe.

Uno a uno llegaremos al portal,

allí a morar con inmortales,

cuando suenen las campanas a ti y a mí”.

Yo sé que algún día la tumba tendrá que abrirse, porque en Jerusalem hay una tumba vacía. Sé que su tumba también habrá de abrirse, porque ellas creyeron en Jesucristo, su Redentor resucitado.

Regresé a casa y comencé a trabajar, tratando de hacer todo lo que estaba a mi alcance para pagar todas mis grandes deudas que tenía. Recuerdo una mañana cuando leía un aviso en un poste de la carretera 150, cerca de New Albany. Yo cantaba dentro de mí: “En el monte calvario estaba una cruz, emblema de afrenta y dolor“. El sol brillaba mucho aquella mañana, y el poste formaba una sombra sobre una colina frente a mí, fue en tal ángulo que la sombra que proyectaba sobre la colina estaba formando una cruz.

¡Allí estaba la cruz nuevamente!

Desaliento y Desesperación por la Muerte de sus Seres Queridos

Yo quería irme y estar con mi familia. La vida ya no tenía nada que ofrecerme. Todo para lo cual yo vivía estaba en el otro mundo, sin ellos, mi destrozado corazón no podía encontrar el coraje suficiente para seguir luchando… Pero creo que fue la voluntad de Dios que el don se mantuviera… El tenía un plan, el cual habría de llevarse a cabo. Yo estoy seguro que todas esas tragedias y profundo dolor por lo que tuve que pasar, fue con el propósito de traerme al lugar en donde El me pudiese usar. Dios sabe qué conviene mejor.

Me bajé del poste, estaba todo sudado. Me quité los espuelines, dejé de trabajar y me fui para casa. Entré a la casa y desesperadamente trataba de buscar algo que mitigara el dolor que embargaba mi alma. Pero nada parecía aliviar mi pena y mi dolor. ¿Qué podría remediar una casa vacía…? Todo en la casa estaba tal como ella lo había dejado. Todo cuanto miraba me hacía recordarla.

Mientras caminaba por la casa con esta herida sangrando en lo profundo de mi ser, de repente puse mi vista en una carta que había llegado. En el sobre leí las siguientes palabras:

Srta. Sharon Rose Branham

Mi corazón volvió a estremecerse nuevamente. Era una carta del Banco con un cheque dentro que le habían devuelto, creo llegaba a la suma de $1,80.

¡Oh! , comencé a llorar como un niño tirado en el piso. Estaba tan deprimido todo parecía tan difícil de sobrellevar. Allí de rodillas le dije: “¡Señor, si Tú no me ayudas, no sé qué haré!”

Cae un Profundo Sueño… Sueño del Cielo

De repente caí en un profundo sueño… (lo cual fue un grato alivio). Mientras dormía, soñé que estaba en el oeste (yo siempre he amado el Oeste); caminaba por aquel sitio con un par de botas puestas y un sombrero muy grande, típico del Oeste. Pasé por el lado de uno de esos vagones cubiertos; tenía una rueda rota, y yo estaba silbando el himno, “La Rueda del Vagón está Rota”. Me asombré al ver una muchacha de unos 17 ó 18 años. Parecía un ángel parada allí vestida de blanco, su bella cabellera rubia movida por el viento y sus bellos ojos azules brillando.

Le dije: ‘”Buenos días, señorita”, y seguí caminando; pero ella dijo: “Hola papá”.

Le dije: “Perdóneme, pero no entiendo. ¿Cómo puedo yo ser su padre? ¿Cómo, si somos de la misma edad? Ud. está equivocada”.

“Papá, lo que sucede es que tú no sabes dónde estás”, contestó ella. “Abajo en la tierra, yo era tu pequeña Sharon”.

Le dije: “Tú no eres ella”.

Ella me dijo: “Sí, allá en la tierra yo era tu pequeña Sharon”.

“Pero si tú eras una niñita”, le dije.

Entonces ella me trajo a la memoria: “Papá, ¿no te acuerdas de tu enseñanza en cuanto a la inmortalidad?”

Le dije: “Seguro que sí, me acuerdo de lo que he enseñado de eso. Entonces… ¿es por eso que tú estás así aquí?”

“Papá, ¿dónde está Billy Paul?”, me preguntó (ese es el niñito). Le dije que había estado conmigo hacía unos momentos.

Me dijo: “Mamá te está buscando, papá; yo me voy a quedar aquí a esperar hasta que Billy Paul venga”.

“¿Dónde está mamá?”, le pregunté.

“Mira hacia tu derecha”, me dijo. Miré alrededor hacia mi derecha. ¡Oh, parecían como dardos de una luz gloriosa alumbrando sobre la montaña! Hermosas mansiones entre lomas verdes, flores, árboles. No hay lenguaje que sea capaz de describir lo que estaba viendo!

Sharon me señaló una de aquellas mansiones, y me dijo que fuera allá, que aquel era mi hogar y que mamá me esperaba allí. “¿Mi casa?” Pregunté asombrado. ¿Cómo puede ser? Nunca he tenido casa”.

“Está bien, papá, ahora tienes una. Vete allá ahora, que yo esperaré a mi hermano”.

Se encuentra nuevamente con su Esposa

Comencé a subir por un pequeño camino que conducía a la mansión; cuando llegué a este hermoso lugar, vi a mi esposa que salió a recibirme bellamente vestida de blanco, su bella cabellera negra le caía sobre sus hombros. Yo no puedo expresar con palabras lo que sentí al verla nuevamente.

Le dije que me explicara todo aquello. No podía entender cómo podía ser esto. Hablamos juntos, como siempre lo habíamos hecho, le decía cómo nuestra pequeña niñita ya había llegado a ser una joven tan hermosa, ella estaba de acuerdo. Pero yo no podía entender.

Ella me dijo: “Sé que no puedes entender esto, las cosas terrenales no son como estas de acá. Esto es el Paraíso”.

“Pero es que no puedo entender esto de estas mansiones. ¿Es tuya?”

“Sí, es nuestra morada eterna”.

“No puedo entender cómo es que yo tenga este privilegio de estar en un sitio como este“.

Entonces ella en voz suave me habló: “Después de todos tus trabajos y faenas por los que tuviste que pasar en la tierra, ahora has venido a tu hogar a descansar. ¿Por qué no te sientas?”

Di la vuelta para sentarme y allí había un sillón bien grande para mí… un sillón Morris… miré el sillón y entonces miré a Hope. Ella se sonrió y me dijo: “Sé lo que piensas”.

Le voy a decir lo que pensaba. Cuando nos casamos, no teníamos muebles, casi no teníamos nada en nuestro pequeño hogar… Sólo una cama plegadiza un poco vieja por cierto y nos la habían regalado. Una estufa que yo había pagado $ 1,25 por ella y tuve que comprarle unas parrillas para cambiarle las que tenía. Una alfombra de linóleo en el cuarto del frente… pero lo disfrutamos y éramos felices en él, porque teníamos verdadero amor.

Algo que yo siempre había anhelado tener era un sillón Morris. Yo trabajaba duro todo el día y por la noche predicaba, llegaba a casa tarde en la noche y por esto deseaba tener uno de estos sillones para descansar cuando llegaba del servicio.

Un día decidimos que podíamos comprar uno, entonces fuimos al pueblo, al otro lado del río y vimos algunos. El que compramos era color verde… Nunca lo podré olvidar. Me costó unos $15,00 dólares. Tuve que dar tres dólares de inicial y uno semanal.

Bueno, estuve pagando bien hasta que ya habíamos dado unos diez dólares, luego me vi un poco apretado y no pude seguirlo pagando. Uds. saben cómo uno se siente cuando no puede cumplir con sus compromisos, no pudiendo terminar la deuda que ha comenzado.

Un día le dije a ella: “Querida, vas a tener que llamarlos y decirles que vengan a buscar el sillón, porque ya nos hemos atrasado dos o tres veces, y nos han enviado un aviso, y yo no puedo hacer otro pago ahora. Tú sabes que tenemos otras deudas que pagar, así que tenemos que entregarlo”.

Ella me dijo: “Yo no quiero hacer eso”. Entonces lo tuvimos dos o tres días más. Recuerdo que una noche llegué a casa, venía del trabajo, y el sillón se lo habían llevado. Ella me amaba tanto, que me hizo un pastel de fresas tratando de que no me diera cuenta de lo que había sucedido, ella hizo todo lo que pudo para aliviar mis sentimientos. Me acuerdo cuando fui al cuarto a sentarme a descansar y el sillón ya no estaba allí, pasamos un rato llorando juntos. Ella era tan dulce.

Entonces, parado allí en mi sueño, ella me dijo: “yo creo que tú recuerdas todo lo sucedido con el sillón… Bueno, este no te lo van a quitar… ya ha sido pagado. Siéntate y descansa”. ¡Oh, qué feliz me sentía.

Sin duda alguna, Dios me dio la suficiente fuerza para seguir adelante. Yo predicaba y trabajé en diferentes trabajos, finalmente llegué a ser un guardabosque en Indiana, el mismo trabajo que tenía cuando el don vino a mí en el año 1946.

Dios me ha bendecido grande y preciosamente, por la que humildemente le doy gracias. Por algunos años tuve que serle padre y madre a mi pequeñito, el que ella me había dejado. Más tarde el Señor me dio una humilde esposa y ahora tenemos una niñita.

 

Notable Incidente Presediendo la Visita del Angel

El tiempo se había acercado cuando Dios habría de revelarse personalmente al Hno. Branham, en tal forma que no sólo afectaría su ministerio, sino que tendría un efecto profundo en el mundo cristiano.

Sería una señal de la cual muchos hablarían mal, pero para los otros cientos de miles, sería motivo de regocijo y acciones de gracias a Dios, y a otros sería de inspiración, la cual causaría un crecimiento del ciento por ciento en sus ministerios.

Ya hemos notado un número de cosas que precedieron la visitación del ángel a William Branham, y aún quedan otras que serán de singular interés apuntar, aún cuando el tiempo sólo nos permitirá mencionar unas cuantas más.

Uno de estos incidentes fue tan fuera de la común, que debido a que el Hno. Branham ha hecho mención de el en algunas ocasiones, tomaremos nota de él; en esta ocasión.

Ha sido un hecho bastante notable en las narraciones bíblicas, que mientras líderes religiosos han sido sumamente lentos en reconocer a una persona que ha sido especialmente comisionada de Dios (y en la mayor parte han fallado en reconocerlo), por otro lado, demonios han reconocido sin ninguna demora a los tales.

En el primer milagro que tuvo lugar en el ministerio del Señor Jesús, de acuerdo al evangelio de Marcos, tuvo que ver con un testimonio muy raro, que provino de un espíritu inmundo.

Jesús había regresado a la ciudad de Nazaret a predicar el evangelio a los de su pueblo natal. Lejos estuvo de aquella gente el reconocer quién era Aquel notable personaje que se paseaba en medio de ellos, por el contrario se sintieron resentidos por su aparente cambio en su oficio, de carpintero a profeta.

Esta gente no la pudo reconocer. Más sin embargo un demonio que poseía a uno que estaba en su sinagoga, al ver a Jesús clamó a gran voz al entrar a Su presencia: “Ah, ¿Qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruimos? Sé quién eres, el Santo de Dios“.

De igual manera clamó el maniático de Gadara cuando se acercaba a Jesús: “¿Qué tienes conmigo Jesús, HIJO DEL DIOS ALTISIMO?”

También Pablo, cuando comenzaba su trabajo misionero en Europa, en la ciudad de Filipo, en vez de recibir una bienvenida de profeta, fue tomado por manos ásperas y echado bien adentro en una prisión. Pero un espíritu inmundo en una mujer de aquel pueblo, no tardó en reconocer quienes eran Pablo y Silas, y a gran voz clamó diciendo: “Estos hombres son siervos del DIOS ALTISIMO, y os anuncian el camino de salvación”.

Entonces no sería ninguna sorpresa que el don que había sido predestinado al Hno. Branham, fuese reconocido por espíritus de adivinación, aún cuando el Hno. Branham no había reconocido completamente el propósito de este don.

En una ocasión, mientras él pasaba por el lado de una astróloga, la mujer al verlo le hizo señal para que viniese donde estaba ella, pues deseaba decirle algo. Cuando él se le acercó, no sabiendo de qué se trataba, ella le dijo: “Oiga, ¿sabía Ud. que nació bajo una señal y que tiene un don de Dios?”

Otras experiencias similares le acontecieron y le tuvieron preocupado por un tiempo, pero más tarde él entendió. Ni Cristo, ni Pablo aceptaron y tampoco le dieron ningún valor al testimonio de demonios, por el contrario, les ordenaron que callasen. Así también el Hno. Branham, no respalda ninguna clase de la así llamada seudo-ciencia de la astrología o ninguna clase de adivinación, aún cuando en muchos casos sus testimonios confirman el don de Dios. El Señor tiene muchos medios de vindicar sustancialmente a sus siervos, sin tener que valerse de la evidencia dada por demonios. y por supuesto, la Biblia claramente denuncia el hecho de que los hijos de Dios consulten tales fuentes (Isaías 47:13-14).

Después de su conversión, el Hno. Branham vino a ser un ministro Bautista, fue ordenado por el Dr. Roy Davis de Jeffersonville, Indiana, y allí entró al ministerio activo. Al finalizar unas gloriosas reuniones bajo carpa, él estaba bautizando un grupo de conversos en el río Ohio, delante de una gran muchedumbre de gente que se había reunido a la orilla del río Ohio para presenciar este acto bautismal. Eran unos 130 conversos que iban a ser bautizados en un día muy caluroso de Junio.

Cuando el Hno. Branham ya estaba para bautizar el converso número diecisiete, él oyó una voz quieta y apacible que le dijo: “Mira hada arriba”. Tres veces se repitieron estas palabras. El miró hacia arriba y notó que del cielo se le acercaba una estrella muy brillante. Por supuesto, esta estrella no tenía cinco puntas, más bien era como una bola de fuego.

Pasados unos segundos la multitud miró hacia el cielo y ellos también pudieron ver esta bola de fuego que se acercaba y se posaba sobre la cabeza del Hno. Branham.

En la multitud, unos gritaron, otros corrieron sobrecogidos de terror, y otros cayeron de rodillas pidiendo a Dios misericordia; otros se desmayaron. De aquella Columna de fuego salió una voz que dijo:

“ASI COMO JUAN EL BAUTISTA FUE ENVIADO A PREPARAR MI PRIMERA VENIDA, DE IGUAL FORMA TU HAS SIDO ENVIADO PARA PREPARAR MI SEGUNDA VENIDA”.

Entonces la estrella desapareció en el cielo. Este incidente creó tanto interés, que un reportaje del mismo fue publicado en un diario de la ciudad.

En otra ocasión el Hno. Branham estaba en una gran ciudad para celebrar tres noches de reuniones. El primero que pasó al frente para la oración fue un niño pequeño que había sido afectado por la grave enfermedad del polio. De repente el Hno. Branham se sintió enfocado por una luz brillante. Sorprendido por la rudeza del que enfocaba el reflector sobre él, abrió sus ojos, y he aquí una enorme estrella resplandeciente estaba frente a él. Recordando este incidente, él dice:

“Yo tiré al niño, o él brincó de mis manos… no sabía lo que había sucedido, porque me sentí como si todos los nervios de mi cuerpo hubiesen sido paralizados. Cuando el niño cayó al piso, sus pies se normalizaron y por primera vez en su vida, caminó bajándose de la plataforma. Muchas otras cosas notables sucedieron aquella noche y muchos entregaron su corazón al Señor“.

Cosas similares ocurrían con frecuencia en la vida del Hno. Branham. Por un tiempo él falló en obedecer la voz y el llamado de Dios, de ir adelante en este ministerio de liberación. Entonces fue cuando llegó el período negro de su vida, el cual ya se relató en capítulos anteriores. Cuando él perdió a su esposa y a su hija, un dolor seguía al otro.

Al fin él llegó al lugar donde se propuso rendir su corazón por completo y dedicar toda su vida al servicio de Dios, para hacer todo cuanto Su Señor le mandara.

Fue entonces cuando tuvo la visitación más sobrenatural que él haya recibido en su vida. Cuando el Ángel en persona habría de visitarlo para darle una solemne comisión del Dios alto. La historia de esta experiencia tan tremenda será narrada en el capítulo siguiente por el mismo Hno. Branham.

Un Ángel de la Presencia del Señor

La notable visitación recibida por el Hno. Branham de este ser angelical, ha causado no poco asombro en el pueblo del Señor como en el inconverso.

Mientras algunos rechazan el ministerio de lo sobrenatural, tal como lo hicieron en el tiempo del Señor Jesús, la gran mayoría de aquellos que asisten a las reuniones del Hno. Branham están completamente convencidos de lo real de esta visitación angelical.

Dios ha tenido a bien revelarse de diversas formas y muchas veces la manera en que lo ha hecho a sus siervos ha sido rara por demás ante el ojo humano. Este ha sido el caso de aquellos a quienes Dios ha llamado con algún propósito especial.

A Moisés, Libertador de Israel, le apareció en la zarza ardiendo. Al pueblo de Israel se manifestó en la Columna de fuego en la noche y en la nube por el día.

Samuel le oyó como una voz llamando en la noche.

A Elías El fue una pequeña voz apacible.

A Abraham El le apareció en una Teofanía o en carne humana, y a Pablo le apareció en la Gloria de Su Resurrección como también lo había visto Juan el amado.

Quizás la más rara visitación sobrenatural en tiempos bíblicos ha sido por medio de visitas de ángeles. Abraham recibió la visita de un ángel, Moisés, Josué, Gedeón, David, los profetas, Zacarías, María, los pastores, los apóstoles y otros.

En muchos casos la visitación sobrenatural no era meramente una visión, sino la presencia real de un ser angelical. Por tanto, la aparición de este Ángel al Hno. Branham no está sin evidencia bíblica.

Es un hecho muy cierto que la ministración de seres angelicales a mortales está perfectamente respaldada por las Sagradas Escrituras. Ha sido reconocido que los dones del Espíritu han sido hasta cierto punto restaurados a la iglesia. Pero, ¿qué acerca del don de discernimiento de espíritus? Muchos han creído que este  don sólo incluye la detección de espíritus malos. Aún cuando el don envuelve la detección de espíritus malos, debemos recordar que hay MAS ESPIRITUS BUENOS QUE MALOS. ¿Qué acerca de los ángeles? ¿En qué reino ministran ellos? La contestación la encontramos en Hebreos 1:14: 

¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”

Ángeles Ministran al Pueblo del Señor

Aún cuando no podemos ver ángeles con nuestros ojos naturales, sabemos por las Escrituras que ellos acompañan a los hijos de Dios en todo tiempo. Si nosotros llegáramos a darnos cuenta que en nuestra vecindad están estos personajes celestiales, quienes velan nuestra conducta y quizás nuestros pensamientos, no hay duda que esto tendría un efecto tremendo en nuestras vidas. El Salmo 34:7 dice: “El ángel del Señor acampa en derredor de los que le temen y los defiende”. Podríamos citar un gran número de Escrituras que tienen que ver con el ministerio terrenal de los ángeles, pero no sería necesario. ¿Por qué no vemos ángeles más a menudo? Evidentemente necesitamos la operación de este don antes mencionado para capacitar nuestras mentes a fin de penetrar más allá del velo y poder.