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Para hablar de los orígenes del Ministerio que Dios nos ha dado, debemos retroceder a algunos años antes de la llegada del Mensaje a Chile, pues, como ya sabemos, una Edad no termina abruptamente para dar paso a la siguiente, sino que se produce un traslape paulatino, el que puede traer consigo alguna fecha especial a la cual referirse…

Alguien a quien nos sentimos íntimamente ligados, incluso sin que la mayoría de nosotros le hubiera conocido, es el Pastor Oraldo Rojas de la “Iglesia Metodista Pentecostal” de la comuna de San Bernardo en la Región Metropolitana. Este fiel soldado de Jesucristo, en más de una ocasión se refirió a un muchacho de nombre Hugo Labrín como “un siervo que Dios usará a Su tiempo”, desde la infancia de éste, pasando por una juventud lejos de Dios, hasta llegar a ver cumplida la inequívoca profecía que le había sido dada. El Pastor Rojas, del que muchos pueden testificar acerca de su vida en una esfera superior a la humana y rodeada de hechos milagrosos, esperó por años este momento, es así que sabemos que, estando él a la mesa, recibe de su hija la información de la investidura del joven Hno. Hugo Labrín como Pastor en Talcahuano, haciendo que el santo anciano se levantara y empezara a correr en el comedor, exclamando: “¡Lo sabía, lo sabía!”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No sólo el pastor Rojas había profetizado sobre este suceso, sino que al propio padre del Hno. Hugo Labrín, el Pastor Manuel Labrín, le había sido dada una promesa de parte del Señor, que de sus lomos saldría su sucesor. Nadie en la “Iglesia de Dios Pentecostal” hubiera creído dicha profecía, pues, era algo difícil de pensar de aquel muchacho que aún llegaba a los cultos con olor a cigarro… A la Luz de la Revelación, sabemos que las cosas no suceden arbitrariamente ante Dios, sino que forman parte de Su Plan Soberano, donde todo gira en torno a la Predestinación, y, si Dios Ha predestinado quién será uno de Sus Siervos en este mundo, ¿podrá alguien oponerse o luchar contra eso? ¡Ni siquiera Satán con todas sus huestes!

Cuando el Hno. Labrín, tras la muerte de su padre, y buscando el voto de Dios más que el de la mesa Directiva que le había nombrado, empezó su trabajo como Pastor, su mayor interrogante era:

¿Cómo decirle a la gente que Tú me mandas, Señor?

La respuesta Divina no pudo manifestarse de manera más clara y escritural:

“Ora por los enfermos; Yo estaré contigo”

entregándole una cita que para todos, ahora, nos es conocida:

PERO TÚ SÉ SOBRIO EN TODO, SOPORTA LAS AFLICCIONES, HAZ OBRA DE EVANGELISTA, CUMPLE TU MINISTERIO. (2 TIMOTEO 4:5).

¡Sin saber de la existencia del Hno. Branham, estábamos caminando en sus mismos pasos, guiados por el Espíritu Santo…y bautizando en el Nombre de Jesucristo! Aquí empieza un Ministerio de sanidad Divina que conmovió a buena parte de nuestra nación, y del que aún quedan algunos testigos entre nosotros, incluso siendo parte activa del trabajo presente. Fue en medio del ejercicio de este poderoso Ministerio, tras haber realizado un contacto con el ministerio del Hno. Oscar Galdona de Barquisimeto, Venezuela, que durante una convención de jóvenes en el gimnasio CAP de Talcahuano, tuvo lugar un evento inesperado, pero al mismo tiempo de la más grande importancia para Uds., preciosos Hermanos:

El día 17 de septiembre de 1971, La Madre Águila dejó oír Su voz en nuestro país para darnos a conocer que el Mensaje de Malaquías 4:5 estaba ya andando para aparejar a la Novia del último día.

¡Imagine Ud. la tremenda decisión que se debía tomar entre seguir con tan exitosas campañas al alero de la denominación o renunciar a todo para dejarse guiar por la Voz de Dios a través de un Profeta salido de las páginas de La Biblia! Para el Hno. Labrín y aquellos fieles hombres de Dios que eran sus compañeros, las cosas ya estaban claras y, luego de estudiar la literatura con la que contaban, siempre apoyados en la oración, llegó el momento de encarar a la membresía para la que ministraban e informarles que se tomarían de la Verdad de que Dios nos había enviado al Hno. William Marrion Branham como el precursor de la Segunda venida de Jesucristo. El Señor se encargó de hablar al corazón de sus predestinados. Sin el local donde solían reunirse (pues, las decisiones con Dios siempre demandan un precio que pagar), y luego de pasar por más de algún posible terreno para edificar un Tabernáculo, Dios proveyó el lugar donde deseaba que se le edificara una Casa de Adoración: una esquina pantanosa a las faldas del cerro, donde convergen tres calles: 7 Poniente, 8 Poniente (es decir, donde se pone el sol), y la Avenida Talcahuano, cuyo traducción del Mapudungun (lengua nativa de nuestra región) es “Lugar del trueno”. Desde este pequeño Ministerio, humildemente lo decimos, el Evangelio se propagó a norte y sur de Chile. Debemos agradecer también a Jesús que nos permitió llegar hasta el Atlántico, al otro lado del continente.

Varias décadas van y, como dice aquella expresión: “ha pasado mucha agua bajo el puente”, y hay tanta gente por la cual agradecemos a Dios, tal como nuestro Hno. Galdona y su Ministerio, que fue nuestro puntal al conocer este precioso Mensaje, y a muchos soldados valientes que ya han sido llamados al descanso. Otros, al igual que Caleb, continúan con la espada en la mano, ya sea en el Ministerio o apoyando con su presencia, diezmos y ofrendas, como dice el Profeta.

Ahora, Dios Ha levantado a nuestro precioso Hno. Pablo Labrín como Pastor, varón que ha sido pulido por El Señor a lo largo de su vida, pues, si hay alguien que sabe cómo desarrollar carácter en un Siervo a La Novia, es Dios Mismo. Tal como ocurriera con el Hno. Hugo Labrín y su señor padre (como dice él), así también Dios le dijo que de él saldría su sucesor, aunque ningún Siervo de Dios, uno llamado en verdad Divinamente, desearía que uno de sus hijos recorriera un camino así de durísimo.

Pero, el Llamamiento es de Dios, y es Soberano. un cinco de Enero del año 2003 Dios llamo a Nuestro Precioso Hno. Pablo Labrín al Ministerio. En esta hora podemos ver con gran gozo y Gratitud, como el Señor esta Usando a nuestro Hermano, y ha puesto en su corazón gran Amor por su palabra y por las Almas de los Hijos de Dios, Muchos somos los edificados por la enseñanza en este día, al oír el mensaje del Séptimo Ángel traído en Sazón por la voz de Dios.

Oramos que El Padre Celestial bendiga a estos Ministros, especialmente dé de sus fuerzas y sabiduría a NUESTRO PASTOR, Hno. Pablo Labrín Vallejos.

Agradecemos a nuestro Señor por Su Gracia que nos sostiene cada día, y en tanto que seguimos en este peregrinar, daremos de la misma Gracia que Él nos ha entregado. Queremos, a través de este pequeño relato, invitarle a que conozca más de nosotros y de nuestra historia, viendo el material (testimonios, fotos, alabanzas, etc.) que aparece en nuestra página y en los enlaces que la complementan, deseamos que sea de la mayor Bendición para su vida, sin importar el lugar del mundo donde Ud. se encuentre ni a qué congregación pertenece. Antes que cualquier otra cosa.